Fume pausadamente, o por lo menos creí hacerlo, mientras descendía por la sinuosa loma. A mi alrededor numerosas caras reían al tiempo que denotaban cierta aceptación y respeto por este “camino emprendido”.
Apenas si había rastros del sol, y pese a no poder constatar el horario, asumí que no serian más de las 5 de la mañana.
Mis pies comenzaban a fundirse con la arena. Detuve la marcha por un segundo e intente en vano recordar aquel momento en que use mi reloj por última vez.
Hacia años que había perdido contacto con él, y a su vez con la mismísima noción del tiempo. No es menos que terrible que la existencia gire en torno a este concepto. De alguna manera el tiempo posibilita que la vida pueda tomarte asistencia cada mañana.
Es curioso, pero mi primera interacción con las drogas comenzó librándome de esas ataduras. Me gusto, me sentí más libre y de alguna manera ambigua esa pérdida trajo consigo más perdidas. Por ese entonces pensé que ganaba algo mucho más importante. Alguien por ahí mencionó la palabra libertad…quizás estaba en lo cierto.
Seguí descendiendo, preguntando a cada paso si el camino efectivamente era este. Sin embargo ninguno de esos acompañantes respondió.
Pensé nuevamente en las drogas. Inconcientemente emprendí su defensa. Esto no es culpa de las drogas me dije. Mi decisión poco tiene que ver con ellas.
Desde la placenta conviví con drogas. El mundo convive a diario con ellas. Pensé en el dinero, el sexo y la televisión por antonomasia. Los nombres cambian y el opio adquiere nuevas formas de presentarse al ser humano.
Sin lugar a dudas no había elegido tan mal. Al fin y al cabo desperté con ella.
Apresure el paso, tal vez empujado por el mismo frió. Recordé mi niñez y enfrente al mar de un tirón y de golpe. El frió sin embargo se mantuvo. Quizás no provenía solo del agua.
Grite con todas mis fuerzas que este mundo era una completa mierda mientras mis labios comenzaban a empacharse de sal.
Mire nuevamente al cielo buscando un horario. Caprichosamente lo precise. No existía quien pudiera objetarlo por que el tiempo por fin era “mi tiempo”.
Establecí entonces las 05.50 como la hora de mi defunción. Respire profundo y me sumergí…
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29 mayo 2011
08 mayo 2011
CHILDREN TALK

"En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta".
Pablo Neruda (1904-1973)
Acerca de 100% Lucha:
Momento memorable Nº 1:
- ¿No te da mucha casualidad que dejen las sillas siempre a mano?
- Y sí...también los tachos de basura.
Acerca de Dragon Ball:
Momento memorable Nº 2:
- ¿El Mortal Kombat 2 esta en la play 2?
- En la play 2 sí...yo le digo así. Mortal Kombat 2 por que esta en la play 2, Mortal Kombat 1 cuando lo jugaba en la 1.
20 febrero 2011
REVELACIÓN
Nunca deja de sorprenderme como el mas mínimo detalle por mas insignificante que parezca puede detonar a corto o largo plazo un sin fin de conclusiones y de las mas variadas.
Particularmente hoy, una foto que tal vez más de 100 veces haya visto, revelo el porque de mi insistencia en repasarla durante tanto tiempo. Simplemente algo llamaba mi atención. La foto (vale la aclaración) lejos esta de mostrarme bien… y cuando digo bien me refiero a que no hay casi posibilidad de mejorarla…ni con el mas asiduo e insistente programador dejaría de mostrar tantas imperfecciones.
Así pues la exaltación del ego dejaba de ser un posible motor para dicha insistencia. Entonces que? Simple capricho?
No. Mire una y otra vez…tantas veces como la vista me lo permitía hasta llegar a la inocente conclusión de que lo único que verdaderamente alimentaba mi intriga se hallaba en la sonrisa, mi sonrisa.
Y cuando creí que esa sonrisa no era sino la punta del iceberg fue cuando bruscamente me “cayó” la ficha. Esta mueca, gesto o guiño (citando al mismísimo word) presentaba la dualidad de constituirse en “el solo eso” y en “el todo” al mismo tiempo.
Ni el “pero” ni el “sin embargo” que pretenciosamente intentaba hallar existían.
Una sonrisa…pura, autentica, espontánea. En fin, la sonrisa de un pibe feliz.
¿Qué es lo personalmente significativo entonces?
Caer en cuenta que “me sacaron las rueditas de la bici” y el pedaleo, que fue más de la cuenta y por inercia, me llevo hacia un lugar en donde a la vida se la toma demasiado en serio. Nada más alejado de aquel País de Nunca Jamás.
Descubrir que vuelvo a la foto no solo para verla de nuevo sino con la esperanza de sentirme como aquella primera vez que la tomaron. Y en aquella primera vez, y aquí esta lo verdaderamente revelador, todo me “chupaba literalmente un huevo”.
Particularmente hoy, una foto que tal vez más de 100 veces haya visto, revelo el porque de mi insistencia en repasarla durante tanto tiempo. Simplemente algo llamaba mi atención. La foto (vale la aclaración) lejos esta de mostrarme bien… y cuando digo bien me refiero a que no hay casi posibilidad de mejorarla…ni con el mas asiduo e insistente programador dejaría de mostrar tantas imperfecciones.
Así pues la exaltación del ego dejaba de ser un posible motor para dicha insistencia. Entonces que? Simple capricho?
No. Mire una y otra vez…tantas veces como la vista me lo permitía hasta llegar a la inocente conclusión de que lo único que verdaderamente alimentaba mi intriga se hallaba en la sonrisa, mi sonrisa.
Y cuando creí que esa sonrisa no era sino la punta del iceberg fue cuando bruscamente me “cayó” la ficha. Esta mueca, gesto o guiño (citando al mismísimo word) presentaba la dualidad de constituirse en “el solo eso” y en “el todo” al mismo tiempo.
Ni el “pero” ni el “sin embargo” que pretenciosamente intentaba hallar existían.
Una sonrisa…pura, autentica, espontánea. En fin, la sonrisa de un pibe feliz.
¿Qué es lo personalmente significativo entonces?
Caer en cuenta que “me sacaron las rueditas de la bici” y el pedaleo, que fue más de la cuenta y por inercia, me llevo hacia un lugar en donde a la vida se la toma demasiado en serio. Nada más alejado de aquel País de Nunca Jamás.
Descubrir que vuelvo a la foto no solo para verla de nuevo sino con la esperanza de sentirme como aquella primera vez que la tomaron. Y en aquella primera vez, y aquí esta lo verdaderamente revelador, todo me “chupaba literalmente un huevo”.

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